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Embrague del bebé

Todo el mundo ha escuchado muchas veces: "El amor más grande es el de una madre (o padre) hacia un hijo". Y sí, es cierto, pero no debemos olvidarnos del amor del hijo o hija hacia sus progenitores. No es sólo amor, es apego. La naturaleza crea este mecanismo para que el bebé se asegure de poder sobrevivir. ¿Cómo? estando siempre bajo el resguardo y seguridad de sus padres. De ahí que ante la separación lloren pero no de tristeza, sino de pánico a no verlos más, a perder su seguridad, a perder posibilidades de sobrevivir. 

Esto debe hacernos reflexionar y, en los primeros años, adaptar nuestra vida a nuestro hijo o hija. No solo debemos saber que  el ritmo de comidas y sueño van a ser diferentes, sino que la demanda de afecto también y el tiempo que pasemos con ellos también.

Nada más nacer, el recién nacido tiene reflejo de prensión. Aunque no pueden apenas abrir los ojos, agarran con relativa fuerza, el dedo de quien sea. No saben donde están, ni qué ocurre a su alrededor, pero necesitan agarrarse a alguien, alguien que les salve de los peligros de ese mundo en el que ahora van a vivir. Hace años no se le daba importancia, pero hoy en día, después del parto se le permite al bebé y a su madre estar "piel con piel". No es casual. Como dije antes, el bebé no ha aprendido todavía nada, pero por instinto sabe si está o no en los brazos de su madre, la piel es el medio que más información le da, y si está pegado a ella, escuchará su voz lo más parecido a como llevaba escuchándola en los meses de gestación. A los 3 meses sonríen a aquella persona que les mira  a los ojos y les presta atención. Es otra estrategia de la naturaleza para que, seamos sus padres, o no, queramos cuidarle y darle afecto. Y así, salvarle la vida. 

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Sonrisa del bebé

Hay estudios científicos que demuestran que la falta de afecto, tiene como consecuencia la destrucción del individuo (puedes ver más en Privación afectiva en la infancia). Y sí, esos experimentos se han hecho tanto con animales como con bebés humanos. No quiero profundizar en algo tan desagradable , pero sí sabemos que el afecto no solo permite al niño desarrollarse con salud mental sino físicamente. Sí. Físicamente también. Las personas somos un todo. No tenemos separado lo físico de lo mental. De la misma manera que hacer ejercicio nos hace sentirnos bien, si tenemos afecto de nuestros seres queridos, nuestro sistema inmunológico es más fuerte, y llegamos incluso a vernos mejor a ojos de los demás. ¿Quién no ha escuchado eso de "tienes mala cara"? a todos nos pasa que nos vemos físicamente peor, cuando psicológicamente no estamos bien.

Así de clave y primordial es el afecto. No sólo es una cuestión de aspecto físico sino, que una relación afectuosa entre la madre y el hijo servirá de prevención de enfermedades psicogénicas. Aquellas enfermedades, que aunque se creían que eran congénitas ya que se desarrollaban a edades muy tempranas, hoy sabemos que la causa está en la falta de afecto en los primeros meses de vida. Esta carencia modifica la información genética del bebé lo que implica enfermedades futuras que podrían evitarse. 

Igualmente la mente se estructura en base a sus experiencias, y en este sentido cabe mencionar el autoconcepto y la autoestima del bebé de hoy, y niño y adolescente futuro, que está directamente condicionado por el afecto recibido en sus primeros meses y primeros años.

Pareja Gay con su Hija
madre e hija
Los niños hacen pivotar

¿Y qué hacemos con eso de "Si lo coges lo vas a malacostumbrar"?

Pues aprender a interpretar esa frase. No es verdad, ni es mentira. Como maestra lo que veo es que los extremos se tocan y que cada caso es un mundo. Un niño o niña que tiene sus necesidades cubiertas es un niño sano física y psicológicamente. Cuando hay una conducta que le está perjudicando, lo primero a analizar es buscar el porqué. Por ejemplo, si un niño no tiene el afecto necesario, comienza a llamar la atención, aunque sea con conductas que disgustan a los adultos, pero él cree que solo así le prestarán atención. Es un niño que no se acostumbra a la falta de afecto. Igualmente ocurre al revés. Si al niño se le sobreprotege y está siempre en brazos (incluso cuando ya sabe caminar) se le está privando de desarrollarse a nivel motriz y a sentir que es capaz por sí mismo. Será un niño miedoso, retraído, que sólo se siente seguro en brazos. Pero en los primeros meses, ni camina, ni gatea, porque nacen muy inmaduros, y todo lo que se parezca a estar en la barriga de su mamá, le calmará y le ayudará a madurar desde la tranquilidad y la seguridad. Esa seguridad a la que recurrirá cuando más mayor necesite probar a alejarse poco a poco de sus padres.

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