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CUANDO NOS EXPRESAMOS ARTÍSTICAMENTE, NOS MOSTRAMOS A NOSOTROS MISMOS.

Desde los primeros momentos de vida percibimos el sonido como algo llamativo y gratificante. A medida que vamos creciendo respondemos corporalmente a la música, llegando incluso a bailar antes que a caminar. Sin embargo, el arte plástico se desarrolla a medida que va desarrollando el sentido de la vista y se le pone en contacto con obras diversas en cuanto a estilos. Tal cual se mencionó en el apartado de sensorial, todo lo que se hace con las manos va a tener una repercusión positiva en el cerebro, por tanto, toda manifestación artística sea del estilo que sea implica un desarrollo neurológico que tiene una gran influencia en el resto de las inteligencias.

 Niña pintando con pincel
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Además, el arte está muy conectado con el área emocional del cerebro ya que provoca sensaciones, satisface y cambia nuestro humor, relajándonos, o animándonos. También tiene que ver con una de las fases más importantes en los primeros años: el egocentrismo. Con el arte nos mostramos como somos a nosotros mismos y a los demás, por lo que trabajamos nuestro propio concepto así como facilita las relaciones sociales y a la adaptación al grupo. 

En este sentido es muy importante destacar la importancia que tiene la reflexión objetiva del adulto ante una manifestación artística del niño o niña. En una producción artística -sea el estilo que sea y de la disciplina que sea- está puesto todo el amor, toda la emoción, ilusión, la manera de ver la vida… por eso, según cómo reaccionemos a esa obra, así se sentirá el niño. Estamos dando directamente en su identidad, en su personalidad, emotividad… así como también a su reflexión sobre la calidad de su producto.

Baking
Clase de dibujo

En definitiva, ¿qué hacer cuando un niño nos muestra una manifestación artística suya? 1. prestarle atención; merece un poco de nuestro tiempo, merece nuestra observación. 2. No decir nada. Excepto valoraciones objetivas (color, material, canción elegida…) 3. No preguntarle qué es. (Para el niño es evidente lo que es y que la otra persona lo ve igual que él). Y nada más. Los juicios de valor “Está regular”, “Aquí te salió mal” o “¡qué maravilla! ¡es una obra maestra!”... no son positivos. Recordemos que la producción artística nos representa a nosotros mismos. Y cada calificativo (positivo o negativo) repercute en su autoconcepto. Éste debe ser equilibrado. Y su autoestima debe ser positiva pero realista.

Sacar defectos, o ensalzar exageradamente sin motivo, generará desequilibrios. Los defectos le harán sentir insuficiente y los elogios superior. Además las valoraciones exageradas crean un enganche del niño a la hora de producir y producir sin sentido con tal de recibir el alago y aprobación del adulto, y esa no es la idea. La producción artística es válida por sí misma. No es un medio para conseguir algo en concreto. En resumen, prestando atención a su producción artística le prestamos atención a él.

Psicóloga para niños
Clase de arte

Otra función del adulto igual de importante que la anterior es no interrumpir la realización de la obra. Cuando un niño o niña realiza un dibujo o baila o canta a su manera, entra en un estado de flow o de ensimismamiento en el que no existe el mundo salvo lo que está haciendo en ese momento. Interrumpir rompe la energía y ese ensimismamiento (necesario para integrar aprendizajes) y además transmite el mensaje de que lo que está haciendo no es importante.

Las técnicas artísticas plásticas más apropiadas son aquellas en las que se utiliza la motricidad gruesa: estampar las manos, pies, coger ceras con todo el puño, papel o cartulina de A3 o mayor… Bailar libremente o con movimientos de baile sencillos en los que se utilice todo el bloque del cuerpo: agacharse, levantarse, saltar, arrastrarse, gatear, subir los dos brazos, mover la cadera, el pelo…  A partir de los 3 años que empiezan a hacer la pinza lo que amplía el tipo de materiales a escoger, ya que pueden ser más finos (rotuladores, pinceles…) pero hasta ese momento cogen con todo el puño. 

Pintura para niños
Niños visitando un museo

La preparación del espacio es fundamental, y antes de comenzar debe estar organizado. Antes de que el niño comience a realizar su tarea artística debe conocer los límites de ese espacio (donde sí se puede pintar, y donde no, donde se guardan los materiales, cómo se limpia el espacio…) Esto evitará conflictos. Las producciones que realicen tendrán un lugar donde guardarse, o si quieren, un lugar donde exponerse. En caso de que la disciplina artística requiera movimiento, se buscará un espacio amplio y seguro donde pueda moverse libremente y, en el caso de caerse no se haga daño.  La música debe estar preparada, o accesible al niño. Será la que le guste pero siempre, revisada por el adulto, evitando canciones sexistas o con vocabulario ni adecuado.

En este aspecto, cabe mencionar que actualmente, la radio no respeta a la comunidad infantil y emiten cualquier tipo de canción a cualquier horario, por lo que lo ideal es tener las canciones seleccionadas por el adulto y el niño. Recordemos que su cerebro se está desarrollando en su mayor potencial y capacidad. La letra de la canción educa, así como la calidad de la pieza.  Cuanto mayor sea la calidad de los materiales, más se desarrollará su cerebro. Llevarlos a conciertos, museos, y a la naturaleza, será siempre un acierto a la hora de escoger espacios artísticos. Uno de los recursos más importantes es hacer el arte en grupo: además de favorecer el sentimiento de pertenencia, los estímula, enriquece y favorece los vínculos afectivos.

Clase de baile virtual
Profesor de sexo masculino que toca la guitarra
Niños en la cocina

Las producciones no se deben tirar a la basura. Cuando no les guste lo que han hecho, debemos animarles a que busquen una solución artística y ese error o tachón se convierta en una nueva idea. De esta manera transmitimos el mensaje de que los problemas pueden ser oportunidades para conseguir algo mejor de lo que pensábamos en un principio. Cuando nos pida consejo, podemos dárselo pero nunca interviniendo directamente en su producción, borrándole o haciendo trazos en su papel. Lo que sí es interesante es animarle a que piense por sí mismo, diciéndole que haga lo que haga estará bien, que el arte es libre y nada está mal, que haga diferentes pruebas y elija la que más le guste. Es su obra, y las decisiones deben ser suyas, igual que la experimentación. Cuanto menos influyamos, más suya será su obra, y más significativos sus aprendizajes.

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