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JUGAR ES FUNDAMENTAL, NO SOLO PARA SER FELIZ, SINO TAMBIÉN PARA MANTENER RELACIONES SOCIALES Y SER UNA PERSONA CREATIVA E INNOVADORA."
Dr. Stuart Brown

Todos los niños y niñas del mundo juegan de manera simbólica. Hasta crias de animales lo hacen. El juego simbólico nos sirve de preparación para el futuro. Nos hace experimentar de una manera parecida a la realidad, situaciones que podemos encontrarnos. Los cachorros de perro y de gato juegan a pelearse. Y sí, los niños también. Pero también juegan a ser padres, profesoras, médicos, policías, ladrones, guerreros, mascotas… Cualquier situación es posible. Este juego puede ser individual, pero es con frecuencia entre dos o más personas, ya que una de las áreas que se desarrolla en el juego simbólico es el área interpersonal o social.

niñas carpa cubierta
Princesa papa

En ella se plantean situaciones en las que tienen que echar mano de sus habilidades sociales para resolverlas. Porque sí, durante ese juego surgen también conflictos ficticios, así como soluciones de lo más rocambolescas. En cualquier caso es como una obra teatralizada e improvisada en la que aparecen y desaparecen personajes que pasan de una situación a otra con más o menos coherencia. A veces, también se dan conflictos reales que suelen solucionar de manera rápida para poder continuar con el juego.

Este tipo de juego nos da mucha información sobre como están interpretando el mundo, sobre qué ideas y emociones tienen dentro, sobre qué les llama más o menos la atención. Los niños y niñas son grandes imitadores, y nosotras, los adultos de su entorno, podemos vernos representadas en numerosas ocasiones. Este juego también les sirve como una especie de terapia para sacar aquellas preocupaciones o ansiedades que tienen. A veces el juego simbólico es más tranquilo y delimitado, como en el caso de jugar a cocinar en una cocinita y poner café para las muñecas, y otras veces surge en espacios abiertos y requieren de una gran actividad motriz. Todas las opciones son válidas y de hecho, pueden pasar de un lado a otro con total inmediatez. Sí que es fundamental permitir, además de espacios y materiales adecuados, un tiempo largo en el que puedan surgir múltiples situaciones. Veinte minutos de juego simbólico es insuficiente. Necesitan un comienzo, que la situación empiece a rodar, darle forma a las nuevas ideas que les van surgiendo, solucionar los conflictos que han surgido y volver a la calma. Todo eso necesita su tiempo, y al menos, una hora es necesaria para que la necesidad de jugar de manera simbólica sea satisfecha.

No es necesario comprar juguetes. Recordemos que muchas veces tratan de imitar una realidad. Por tanto, cuanto más reales sean los materiales, mejor. Igualmente, la posibilidad de dejar que ellos construyan sus propios materiales les aportaría mayor desarrollo de sus inteligencias, además de más satisfacción personal. Realmente los niños no necesitan una espada o un jueguete de una espada para luchar a ser guerreros. Gracias a su imaginación, cualquier cosa puede ser una espada. De hecho, pueden luchar hasta con espadas invisibles y eso darles la idea de un juego nuevo. Cuanto más sencillos sean los materiales, más tendrá que recurrir a su imaginación y a su creatividad. El juego simbólico es un juego en el que las normas van surgiendo a cada momento, la capacidad de adaptarse a las nuevas circunstancias es constante, la habilidad para resolver conflictos es también frecuente. Es decir, no se trata de que representen algo en concreto, sino que simplemente jueguen. El proceso es lo que hace que su mente se desarrolle realmente. 

A veces, el juego de los niños entraña cierto riesgo. Es papel de los adultos corroborar que ese riesgo es asumible por parte del niño y, en ese caso, dejar que ocurra. La superación de una dificultad no será integrada ni aprendida si se evitan esas situaciones. Por eso, el papel de los adultos en el juego simbólico es el de mero observador. Si el espacio y los materiales son seguros, solo hay que dejarles todo lo demás a ellos.

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